ARENAS-ALMANZOR-ARENAS ANDANDO

POR: ALEJANDRO MUÑOZ
Protagonistas: Víctor Núñez Mesón y Alejandro Muñoz Cajal.

Salimos a las 21 horas de un día caluroso; tomamos la carretera de Guisando hasta el Nogal del Barranco, llegando a las 23 horas. Habíamos subido ligeros y estábamos ya sudando. Con un trago de agua, seguimos por el carril a oscuras, pues no había Luna. Nos pusimos los frontales al comienzo del zig zag. A la 1 de la madrugada estábamos tomando unos dátiles en la puerta del refugio, para subir con fuerza hasta La Mira. Antes de las 2 llegamos a la fuente de los Pelaos, donde bebimos, comimos un poco, nos cambiamos de ropa y nos pusimos un corta vientos, ya que corría una ligera brisa.

Rápidamente nos pusimos en camino para coger la cuerda hasta el Prado de las Pozas. La noche seguía oscura, ya que la Luna, en cuarto menguante y a nuestra espalda, no nos iluminaba nada. Pasadas las 4:30 estábamos cruzando el Prado de las Pozas para iniciar los Barrerones. En la fuente, en un pequeño descanso, tomamos agua y algo de picar. A la bajada a la Laguna empieza a clarear y, tras una corta parada en el refugio, comenzamos la subida.

Antes de llegar a Hoya de Antón hicimos un alto, donde comimos y nos hidratamos bien. Ya estaba dando el sol en las cumbres altas. La verdad es que era un espectáculo.

Iniciamos la subida con tranquilidad, ya que se notaban las casi 11 horas seguidas de marcha y un poquito de sueño. Prácticamente solos, llegamos a la cumbre del Almanzor a las 9 en punto. Tras descansar unos minutos y recrearnos con las vistas, iniciamos la bajada con tranquilidad. En la bajada, y antes de llegar al refugio, encontramos un charco donde nos dimos un baño que nos supo a gloria; eran las 10 de la mañana y el agua no estaba muy fría. Limpios y bien aseados, aunque nos faltó un buen afeitado, seguimos hasta el refugio. Allí comimos un poco más de lo que habíamos hecho hasta ahora y, con una coca cola o dos (que a mí me pusieron las pilas de nuevo), empezamos la marcha de regreso.

Cruzamos la Laguna y afrontamos la subida de los Barrerones muy bien y rápido, cruzándonos ya con algún conocido y mucha gente que quería disfrutar de un día estupendo. Una vez en el Prado de las Pozas, con una temperatura que ya se notaba calurosa, iniciamos la subida hasta la cuerda que, con paciencia y ganas de llegar a la fuente de Los Pelaos, nos chupamos con un soberano sol que nos acompañaba sin despegarse de nosotros.
Por fin en la fuente, nos refrescamos y comimos como es debido, para poder hacer un descenso largo como el que nos esperaba. Con más de 32°C iniciamos el descenso pasando por el refugio, en el que por desgracia no había nadie (¡y nos habría venido muy bien otra coca cola!).

El carril ya lo conocéis; a esas horas y con ese calor, el suelo parecía un horno. En el Nogal, y después de meternos en la fuente (¡gloria bendita!), iniciamos la tediosa bajada por asfalto hasta Arenas. Llegamos a las 21:19 (a la entrada del primer bar que encontramos) y con unas merecidas cervezas dimos por terminada nuestra andadura.

Tras 24 horas y 19 minutos, las sensaciones son estupendas. No excesivamente cansados, y con una alegría en el cuerpo de haberlo hecho, nos fuimos a darnos un buen homenaje en casa y una buena dormida. Al día siguiente, como nuevos.

Recomendaciones: simplemente comer más a menudo y, por supuesto, que lo puede hacer todo el mundo que esté un poco entrenado y con motivación (y sobre todo si se hace con en buena compañía, como en mi caso la de Víctor). De hecho, lo voy a institucionalizar a través del Grupo, para hacer la actividad en junio y con Luna llena (¡será una pasada!).

Os animamos a que nos acompañéis en 2016.

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